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A group meeting around a table in a modern boardroom.

Ensayo

Por qué la confianza, no la inteligencia, es el recurso escaso

Cuando cualquier máquina puede dar una respuesta segura, una respuesta segura deja de valer mucho. Esto es lo que pasa a ser valioso.

Durante casi toda la historia, la inteligencia fue cara. Saber cosas —saberlas de verdad, con evidencia y criterio— exigía años de formación, salas llenas de libros y personas cuyo tiempo era escaso. Por eso construimos las instituciones alrededor de quienes la tenían: asesores, analistas, expertos, tribunales.

Ese mundo está terminando. Hoy las máquinas producen una respuesta fluida y segura a casi cualquier pregunta, al instante y por casi nada. La inteligencia, en ese sentido estrecho, se está volviendo abundante.

Es uno de los grandes puntos de inflexión de la historia humana. Y cambia, en silencio, lo que tiene valor.

Cuando cualquiera puede obtener una respuesta segura, una respuesta segura vale muy poco. Lo que pasa a ser valioso es otra cosa: una respuesta que se pueda sostener. Una cuyo razonamiento se vea. Cuya evidencia se pueda verificar. Cuyos puntos ciegos se digan en voz alta. Y cuyo autor pueda responder si está equivocada.

Llámese confianza. A medida que la inteligencia se vuelve abundante, la confianza pasa a ser el recurso escaso.

Esto importa más justo donde más está en juego. Un ministro que aprueba una política, una entidad que resuelve un caso, una fundación que compromete sus fondos, una líder comunitaria que arriesga el futuro de su barrio: ninguno necesita otra respuesta fluida. Necesitan una que puedan defender ante las personas a quienes afecta.

Hoy casi nada ocupa ese espacio. Los sistemas que corren adelante están optimizados para sonar correctos, no para ser confiables. No es lo mismo, y en esa diferencia se ganan o se pierden las buenas decisiones.

Ese espacio es el trabajo. No construir una máquina más inteligente, sino construir la confianza que hace que la respuesta de una máquina sea segura para decidir. Es más lento, más difícil y menos vistoso que perseguir capacidad en bruto. También es, creemos, lo más importante de acertar.